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Una copa o dos [Jay]

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Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Alex Park el Sáb Abr 11, 2015 4:18 pm

Las cartas seguían amontonadas en el escritorio del pequeño cuarto contiguo a la barra que Jarrison utilizaba como despacho. Ese detalle era algo que jamás había comprendido, siempre fuimos unos cuantos camareros, personas de confianza, como él nos llamaba a menudo, pero él tenía la necesidad de mantenernos vigilados de forma constante. Eso fue algo que cambié en cuanto él murió, trasladé el almacén con mis propias manos hasta ese cuartucho y el despacho al piso de arriba para aumentar la eficiencia de los trabajadores. Yo, Alex Park, había dejado de ser un simple puto que las veces hacía de camarero para convertirme en un empresario, pero cuando el mundo empezó a cambiar con él lo hizo mi paranoia, me percaté de que varios de los productos comenzaban a desaparecer y en un día todo había vuelto a ser como en los viejos tiempos, solo que el que vigilaba era yo, el que guardaba las llaves era yo, el que debía dar su permiso hasta para ir al baño… era yo. Me sentía como un tirano pero las circunstancias me habían obligado a ello.

Cuando volví a trasladar en despacho al cuarto de abajo fue cuando reparé en esas cartas perfectamente cerradas y que jamás me había atrevido a abrir. Una correspondencia que Jarrison jamás llegó a entregar, entre ellas, muchas sin remitente, otras para un hombre del que no había escuchado hablar en mis años en el bar y dos para mí. Me daba demasiado miedo lo que su contenido pudiese esconder, cada día mientras repasaba el número de alimentos que tenía para repartir entre los miembros de mi banda y analizaba con quién debía encontrarme en los días siguientes, echaba fugaces miradas al montón de amarillentos sobres, asegurándome que seguían exactamente igual que como yo los había dejado.

- Alex. – el sonido de la puerta y la voz de Emily, una de las personas en quien más confiaba, me sobresaltó. Emily era una chica heterosexual que durante la universidad había acudido a mi clase, ella era esa persona que te insiste sin descanso a no tirar la toalla, obligándote a ir a clase incluso cuando la echas a gritos de tu casa. El como había terminado en el bar, trabajando conmigo era un tema algo delicado.

Me levanté de la silla bastante desganado y caminé arrastrando los pies hasta la puerta, cuando la abrí el pelirrojo pelo de la chica acompañado de su cabeza surgió de pronto mirándome con una estúpida sonrisa en la cara. No me hacía falta ser muy inteligente para saber lo que pasaba. - ¿ha vuelto? – ella asintió y me hizo un gesto con la cabeza para que saliera, era demasiado guapa, delgada, y la ropa ceñida que utilizaba cuando estaba en el bar hacía perder el sentido a cada uno de los bisexuales y mujeres que se pasaban por allí. La seguí muy de cerca, no me gustaba que la mirasen demasiado, así que muchas veces me mostraba especialmente cercano a ella para alejarla de la escoria que se atreviese a poner sus ojos en Emily.

Sin demasiado descaro hice de camarero como cada vez que él aparecía. En el último tiempo las visitas de ese chico habían aumentado, se le veía desconcertado, algo perdido o como si buscase a alguien, pero a mi me parecía el ser más bonito que pisaba mi local precisamente por esa extraña inocencia suya. - ¿Qué te apetece tomar? – le pregunté al tiempo que me colocaba frente a él y con el trapo limpiaba el trozo de barra en el que él se encontraba parado y mirando a su alrededor. Demasiado tentador.


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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Jay Kim el Sáb Abr 11, 2015 4:27 pm

Si mi madre hubiese visto los lugares por los que estaba pasando me habría soltado la mayor regañina de la historia. Con las manos en los bolsillos y la capucha de mi sudadera tapando gran parte de mi cabeza caminaba sumido en los pensamientos de por qué Ben había ido a ese lugar, si lo único que podía ver en el barrio era gente ligera de ropa a pesar del frío y polvo de granito ensuciando las aceras. No me gustaba visitar esos sitios, no acababa de acostumbrarme, y sin embargo no dimitía en el empeño de encontrar a mi mejor amigo y saber el motivo de que hubiese huido hasta allí. ¿Por qué no ir a buscarme? Todo el grupo de amigos nos habíamos visto en esa situación. Todos en la ciudad habíamos perdido a algún ser querido, y él en vez de correr a mis brazos se había ocultado en el más recóndito lugar de San Diego. La confesión de su homosexualidad no me había dejado enfadado, ni siquiera triste. Me sentía bien con la idea de que Ben tuviese otros gustos, ¿eso importaba? Seguíamos siendo amigos y no iba a cambiar nada en quién emplease su vida privada en ese ámbito, o al menos eso yo pensaba. Parecía no haber dudado de echarme de su vida rápidamente, o alejarme. O Dios sabe qué, todo era demasiado complicado como para encontrarle sentido en el camino que hacía desde mi casa hasta uno de los bares de Hillcrest. Todos esos días que había estado merodeando por el lugar me había encontrado gente por la calle mirándome de forma extraña, esos días en los que hacía calor y había ido poco cubierto. Ahora, por las noches, comenzaba a hacer frío y había aprendido mi lección de no llamar la atención de la gente. Por eso me cubría todo lo que era capaz y, gracias a ese mismo motivo me alejaba de las peleas de la ciudad. Muchas cosas habían cambiado y yo, en vez de cuidar de Joe, me ausentaba algunas noches cuando él dormía para hacer mi paseo de costumbre a la espera de que alguna de las oscuras figuras de ese barrio se transformase en la cara de Ben.

Como muchas otras veces me acerqué a uno de los bares de ese sitio. “Charisma” se leía en la entrada. No era la primera vez que iba allí y tampoco la segunda. Antes de irme a casa mis pies me dirigían al club, un lugar a veces lleno de ruido que me nublaba la mente y me tranquilizaba de una forma u otra. No quería dejar de pensar y siempre que entraba en el local parecía ser lo único que me importaba. En cuanto empujé la puerta me di de lleno con dos largas mesas que se expandían por el bar, y una barra no muy lejos decorada en su parte trasera con miles de cosas rojas. Estaba seguro de que ese sería el color preferido del dueño, porque, sin llegar a ser excesivo, los más mínimos detalles estaban pintados de ese color. No había mucha gente, un par de chicos que me duplicaban en cuerpo tomando algo en las mesas, un hombre entretenido en la tragaperras y una chica que arreglaba la mesa de billar apretando unos tornillos sueltos de una de las patas. Aún con las manos en los bolsillos avancé en silencio hasta la barra y me senté en un taburete que me dejó a la altura de una chica pelirroja que me miró con una enorme sonrisa. Ella era muy pálida, de ojos claros y ese pelo del color del sol caía en lisos mechones hasta la mitad de su espalda. Me hizo esperar, como siempre que venía, y yo deseaba al menos saber su nombre por educación. No creía que fuese camarera porque en cuanto el chico que me servía siempre salió de un despacho tras la barra ella se fue a ayudar a su compañera con la mesa de billar. Saqué las manos y las apoyé en la barra, las sentía congeladas igual que mi cara. Alcé la mirada para ver a ese chico, siempre que volvía  a casa veía sus ojos clavados en mi mente. Eran de color oscuro, casi negros, igual que su pelo liso. Y sus pendientes a la par que ese físico, llamaban la atención de las personas que pasaban por allí, o al menos yo sentía que era algo así porque algunas noches observaba como muchos hombres y mujeres fijaban su mirada en el camarero que ignoraba la atención brindada. “¿Qué quieres tomar?”, me preguntó entonces. Él tenía la voz grave, algo sorprendente para lo delicadas facciones de su rostro. Me agradaba, de alguna forma, su presencia delante de mí y también su educación. Moví mis dedos entumecidos uno sobre otro, odiaba el sabor del alcohol y me sentía ridículo cuando no tomaba algo que afinase con el contenido de las botellas de los demás clientes. Me sentía… forastero. Y acompañada de esa palabra, tal y como estaba San Diego, iba el ser vulnerable. – 
cerveza – dije a media voz, esbozan una pequeña sonrisa que tensó automáticamente mis labios – sin alcohol, por favor.
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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Alex Park el Sáb Abr 11, 2015 5:17 pm

A pesar de que aquel chico nunca pedía bebidas que llevasen alcohol, por algún motivo, parecía que le diese vergüenza hacerlo y yo simplemente me limitaba a asentir, evitando reír, y servirle lo que me había pedido. Aquel día me arriesgué un poco más de lo habitual en varios aspectos. Le miré el tiempo suficiente para que sus ojos se encontrasen con los míos y entonces me giré para ir a por uno de las grandes copas que teníamos bien situadas en una de las vitrinas, aquellas que normalmente se usaban para el brandi o alguna mezcla con algún licor caro, esas mismas que ya casi no utilizábamos por motivos obvios. Mis ojos se encontraron con los de Emily al ir a echar los hielos, ella me sonreía, divertida, se notaba que disfrutaba con aquella situación y supongo que era normal, pues que yo me molestase en prestar tanta atención a una persona era algo demasiado extraño, pero aquel chico despertaba mi curiosidad de una forma abrumadora.

El sonido de los hielos contra el cristal atrajo la vista del joven independiente, al que me acerqué colocando la copa justo frente a él con el semblante serio, como siempre. Desde un principio deduje que aquel chico era un independiente más de los que se acercaban a mi local, aunque tampoco podía poner la mano en el fuego por ello. Había algo diferente, tan solo merodeaba por el barrio, tal como me habían informado algunos de mis chicos, y después, sin más se acercaba hasta aquí, pedía algo para beber, supongo que por no quedarse plantado sin más, y luego se marchaba. ¿Por qué? ese era el principal motivo de mi curiosidad, nada más. Alguien como él mezclándose con los nuestros, no tenía sentido. Mientras sacaba la botella de coca-cola le di vueltas al tema, no era la primera vez que se me pasaba por la cabeza la idea de que fuese uno de los muchos espías que el resto de bandas, al igual que la nuestra, tenían. Nosotros íbamos a nuestro aire, si necesitaban nuestra ayuda la ofrecíamos, siempre y cuando el favor fuese dado de vuelta.

Tal vez...

Sacudí la cabeza con energía y con un sonoro "clac" coloqué el botellín sobre la barra, abriéndolo frente a sus ojos, sin mirarle, y le serví la bebida, que no había pedido, en la copa, como si realmente se estuviese tomando algo de alcohol. El casco de vidrio fue a parar a un cubo, como todos los demás.
Normalmente en mi local las cosas funcionaban de la siguiente forma:
De cara a los transeúntes que se perdían por Hillcrest, un lugar donde poder hacer una parada y pedir algo de ayuda para sobrevivir en San Diego a cambio de información.
De cara a los Kaari, un centro de reuniones, un lugar donde encontrar amigos y protección total a cambio de su trabajo, todos los miembros de los Kaari aportaban su granito de arena. No éramos santos, la mayoría de nosotros ejercíamos la prostitución antes de que la ciudad se volviese loca y la mayoría de ellos e incluso algunos más, la seguían ejerciendo. No, yo ya no.
También pasábamos droga, nos habíamos convertido en los intermediarios de la ciudad, era algo peligroso, pero nos proporcionaba una protección de la que la mayoría carecían, en general, nos habíamos ganado el favor de casi todas las bandas por ser una parte débil pero necesaria para el funcionamiento de sus propios intereses.

Apoyé ambos brazos sobre la barra y así me incliné un poco hacia el chico, mirándole con el ceño fruncido pero el gesto calmado. Ni siquiera sabía su nombre. - ¿Necesitas ayuda? - me había costado varias visitas formular aquella pregunta, tal vez había olvidado ya tratar con la gente que acudía allí sin pretender hacer negocios, eso era algo de lo que se ocupaba siempre Emily.


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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Jay Kim el Sáb Abr 11, 2015 6:12 pm

Mientras esperaba a que la bebida fuese servida, me quedé en silencio tratando de identificar la canción que sonaba de fondo como un susurro. En realidad no sabía si venía de mano de alguna cadena de música o era alguien cantando al fondo, estaba tan atento a la letra y la melodía que ese detalle me parecía irrelevante. 
Me sentía como un desconocido. En realidad cualquiera que no me hubiese visto ya por allí pensaría que era la primera vez que visitaba el bar por todas mis miradas tratando de captar detalles más allá de los que había encontrado en mis primeras visitas. No es que hubiese algo que resultase raro, era un bar normal como lo podría haber sido antes de aquella catástrofe. 

Mis ojos se encontraron con los del camarero. Era la única persona que se había acercado a mí más de dos minutos seguidos en todas esas veces que me había dejado caer por el Charisma. Supongo que en ese barrio tenían una clave de honor o algo así, como en las películas, y no podían acercarse a esos que no eran del barrio. O simplemente era un apestado, para cambiar de aires. 
La situación me recordaba como esa vez en Londres. Los primeros días que habíamos vivido allí mi madre, mi hermano y yo habíamos estado visitando la ciudad como tres turistas más de los millones que visitaban la ciudad. Nos habíamos pateado un montón de calles y habíamos terminado en el British Museum muertos de cansancio, al menos mis dos acompañantes porque, ya desde pequeño, a mí me encantaban los cuadros aunque no tanto como las obras de teatro o el cine. Cuando me quise dar cuenta mi hermano pequeño había desaparecido de mi lado y tuve que buscarlo durante horas por todo el museo hasta encontrarlo dormido en el baño porque el ambiente le resultaba aburrido. 
Con Ben era igual, la dificultad estaba en que no era un niño curioso, ni tampoco un museo. Estaba en una ciudad donde la gente se había vuelto demasiado salvaje y buscaba a mi mejor amigo entre miles de personas, entre miles de calles, y no tenía ni una sola pista. 

Miré el contenido del vaso, era una Coca-Cola, o eso leí antes de que el camarero echase la botella que había contenido el líquido a la basura. Toqué el vaso con los dedos al borde de decir algo sobre la bebida que no había pedido cuando los brazos del chico abarcaron parte de la barra donde yo estaba. Su mirada no fue algo que me hiciese sentir incómodo, en realidad sus ojos oscuros me parecían bastante bonitos aunque tampoco tranquilos como los de Ben. Echaba de menos a mi mejor amigo y cada día que pasaba se me hacía más difícil el encontrar dónde más buscarlo. 
“¿Necesitas ayuda?”, su pregunta me pilló por sorpresa, así como su voz grave a la que no lograba acostumbrarme. Juraría haber dado un brinco en el taburete donde estaba sentado, aunque no podría asegurarlo. Sólo sé que sentí el calor del bar golpearme la nuca por primera vez en toda la noche y, sin motivo claro, comencé a ponerme nervioso, sintiendo que realmente no debería estar allí esa noche. 
Pasé la lengua por mis labios intentando que el calor no los secase. El ruido se había vuelto mayor, ¿cuándo había entrado más gente en el bar? 


Me giré nervioso. Era verdad, un grupo de gente se había sentado en las mesas alargadas y la chica pelirroja ya no estaba arreglando la mesa de billar sino que se había repartido por ahí, hablando con algunos nuevos clientes sentados. 
Carraspeé queriendo aclarar mi voz y no sonar incómodo, algo que obviamente estaba, y de mi bolsillo saqué una pequeña cartera de color negro. La misma que había usado en el instituto para llevar el dinero que pagaba mi almuerzo al mediodía. Me dolían las manos del frío todavía, el vaso con la Coca-Cola fría no había aliviado el entumecimiento, y tampoco la ansiedad que repentinamente me crecía por la garganta. ¿Por qué estaba tan nervioso de repente? ¿Qué era lo que me hacía querer salir de allí? El camarero sólo se había mostrado amable conmigo. Por una vez desde El Día alguien se mostraba amable conmigo. 


– 
Estoy buscando a este chico – señalé una foto dentro de la cartera que había apoyado en la barra, justo en el espacio que había entre los dos. La foto no era la más actual que tenía con él, pero sí la que había guardado en cuanto nos habíamos hecho amigos. También tenía una foto de Joe justo detrás de esa, que por suerte no se veía. No quería que la gente de ese barrio supiese el aspecto de mi hermano pequeño. – cuando desapareció llevaba el pelo más corto que en esta foto pero la cara es… igual – no sabía cómo explicarme, tampoco esperaba que me dijese que lo había visto por allí hacía cinco minutos. En realidad… ese era el recurso más desesperado que había usado en toda mi búsqueda. – olvídalo– dije rápidamente, cogiendo mi cartera y dejando un billete sobre la barra y bajándome casi a la vez del taburete. 
“¿Cómo puedes ser tan tonto, Jay?”, me dije a mí mismo, guardando la cartera y colocándome la chaqueta a toda prisa, “no se puede ir hablando con desconocidos así como así”. Y con esos pensamientos atravesé el bar lo más rápido posible, chocándome con la gente que entraba en el bar y que se movía por él. Estaba claro que la gente de Hillcrest no era de apartarse del camino de nadie. 
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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Alex Park el Lun Abr 13, 2015 7:18 pm

La reacción de ese chico no había sido algo que hubiese podido imaginarme. Parecía que mi pregunta hubiese desencadenado una serie de pensamientos en la cabeza ajena que la mía no pudo resistir. Su más que evidente nerviosismo caló en mi cuerpo, propagándose como un virus por todo él para terminar aumentando la desconfianza que ya sentía. Si tan sólo era un independiente en busca de ayuda ¿qué problema había?
Sí, lo admito. Mi forma de tratar con las personas nunca fue de lo más acertada, pero la forma en que una persona sociable presta su ayuda no podía discernir demasiado de la manera en que lo había hecho yo. Eso sólo me dejaba otras dos opciones. Aquel que despertaba mi curiosidad tenía todavía más miedo del que aparentaba o había algo que necesitaba ocultar a toda costa. Me decantaba por la segunda opción. En mi cabeza hice un repaso de todas las bandas de la ciudad y cuales de ellas podrían tener interés en mandar a un espía a nuestro barrio. Una ardua tarea si tenía en cuenta que la neutralidad era nuestro punto fuerte ¿acaso alguien pretendía comenzar un enfrentamiento con nosotros?

William…

Mis ojos volvieron a posicionarse sobre los del chico, recorriendo cada parte de su cuerpo y prendas que se encontraban en mi ángulo de visión. Ello hizo que desechase rápidamente mi idea y hasta me hiciese sentir idiota sólo por creer un segundo que una persona de aspecto tan normal sería un Engine. Pero la siguiente idea que cruzó mi cabeza fue todavía peor. Eché un pie hacia atrás, dejando únicamente una de las manos sobre la barra, algo necesario dado que el miedo recorrió de pronto todo mi cuerpo. Era posible, podría ser perfectamente uno de ellos, haberles contado como nos reunimos, las conversaciones que hubiese escuchado durante los largos ratos que pasaba en el bar. De pronto todo tenía sentido para mí y, de la misma forma, dejaría de tenerlo para él.

Aproveché el pequeño momento en que bajó la mirada en busca de algo en su pantalón para hacer una señal al nuevo grupo que había entrado en el bar tras su ronda. Si intentaba matarme, ellos le detendrían y ya no volvería a salir de allí. Tal vez no volviese a hacerlo de todas formas.

Con el gesto tenso me acerqué de nuevo a la barra. Sobre ella se encontraba la negra cartera abierta que el chico había sacado de uno de los bolsillos momentos antes y en ella señaló una foto que hizo bajar todo el peso de mi cuerpo de forma tan brusca que pensé que había caído al suelo en algún momento de ese choque silencioso. A un lado mi interlocutor, al otro… Ben. Ambos parecían felices en ella, sin duda habría sido tomada antes de que todo empezase a desmoronarse, antes del DIA. Sus rostros se mostraban sonrientes y llenos de esperanza, tanto el suyo como el del chico que meses atrás había aparecido por el Charisma de la mano de Jeremy. Claro que le había visto y le vería otras muchas veces en lo que quedase de vida a esta ciudad.

Ben era un tipo aburrido, victimista y débil que se pasaba la vida refugiándose en el pecho de su novio, quien, para amargarme más, era algo así como mi mano derecha. Al menos en cuanto a términos de negocios con el resto de la ciudad. Cuando Ben llegó sentí en su mirada ese reproche, esa forma de juzgarme, que no había sentido desde que abandoné mi casa cansado de soportar los comentarios dejatorios de ese hombre con tan solo trece años. Tal vez exageraba, tal vez Ben no era tan odioso como yo le veía, todos parecían llevarse bien con ese asustadizo chico con aires afeminados que se notaban a un kilómetro de distancia aunque los intentase ocultar, pero a mí esa cara de no haber roto un plato en su vida era un molestia. Un maldito grano en el culo al que resultaba que él estaba buscando.

Para cuando volví en mí ya no había cartera y tampoco chico. Salté de la barra asustado e hice un gesto a algunos de los que intencionadamente no le estaban dejando pasar para que se apartasen. Me había equivocado y había olvidado por completo retirar la orden debido al shock que esa foto me había causado. Recorrí la distancia que nos separaba a paso rápido, mucho más rápido que para una persona normal, y tomé su brazo intentando que no llegase a cruzar la puerta del bar – lo he visto. – intenté sentir una reacción, después de todo podía darle lo que buscaba. Si se quedaba aquí, si permanecía el tiempo suficiente en el Charisma, Jeremy y Ben terminarían apareciendo. Con un poco de suerte, y si los dioses estaban de mi lado, se llevaría a la princesita lejos de Hillcrest y de mí, sobre todo de mí.

Tras ello volví a dejarlo libre. El marcharse o tomar la ayuda que le brindaba era decisión suya. No obstante, esperaba poder disfrutar de su presencia al menos unos minutos más.


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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Jay Kim el Vie Abr 17, 2015 11:55 pm

La vista se me nubló en el mismo instante en el que el espacio hacia la puerta quedó cubierto por una serie de cuerpos voluminosos que me impedían siquiera poder respirar el aire de fuera que se filtraba por la rendija que quedaba abierta tras haber entrado algún cliente. La mayoría de las personas que quedaron sentadas en las mesas (la mayoría mujeres) miraron expectantes la escena. Antes de poder siquiera emitir una queja una petición para poder pasar, dos brazos se apoderaron de mi cuerpo y me hicieron girar sobre mí mismo, quedando apresado en un círculo de gente que me miraban con una mezcla de curiosidad y resentimiento. Me sentía perdido, como si me hubiesen golpeado y ahora deambulase aturdido por un callejón a oscuras.

No podía contar cuántas eran las siluetas que se habían colocado en torno a mí. Era como un ratón frente a todo un grupo de felinos, o más bien como un trozo de carne sin vida frente a hambrientos sabuesos. Por unos instantes quise echarme a llorar. Mi madre tenía razón con el tipo de gente que existía en algunos barrios pero nunca pensé que gente tan joven estuviese dispuesta a iniciar una pelea por las buenas. Los bares en sí son peligrosos cuando sales de la zona del centro de San Diego, y ahora sabía a qué problemas podía atenerse uno si decidía corretear como si nada por zonas desconocidas.

Tragué saliva con fuerza. No iba a permitirme el lujo de actuar como un débil delante de todos ellos. Lo mejor era quedarse impasible y no ser ni demasiado chulo ni tampoco un cachorro. No sé dónde había escuchado eso pero en ese momento tenía sentido. Probablemente lo había sacado de algún libro barato para adolescentes o una película de esas que veía con mi hermano pequeño por las noches para hacer algo entretenido.
Tay…
Si algo me ocurría, ¿quién cuidaría de él? Era demasiado pequeño para poder valerse por sí mismo. Aunque a esas alturas, ¿nos quedaba al resto otra? La ciudad había cambiado. Ahora incluso el más inocente sabía apuntar con un arma. Pero Tay… Tay era mi hermano pequeño, y no podía permitir que ese tipo de vida cambiase la dulzura de sus rasgos por una de esas que ahora le miraban con ansia, con ira. ¿Por qué? Yo no había hecho nada. Sólo había ido a buscar a mi amigo. Tal vez no había elegido el sitio más indicado para hacerlo.

Moví mis brazos, sacudiéndome como si me hubiese mojado un coche al pasar o se me hubiese caído la bebida por encima. Creía que mi fuerza había sido el motivo por el que las dos personas que me agarraban decidieron soltarme unos instantes. Bufé, estaba convencido de que esos idiotas no tenían las narices para golpear a una persona inocente; sin embargo cambié de opinión al ver al camarero de nuevo frente a mí. Todos los demás se habían echado a un lado pero permanecían, en su mayoría, a mis espaldas o costados vigilando cada movimiento. ¿Qué demonios era aquello? ¿Una mafia?
Tragué saliva, intentando no apartar la mirada en ningún momento. Ese chico era apuesto, con el pelo oscuro y los ojos a juego. Sus facciones no se veían adultas ni mucho menos, todo lo contrario. No sabía cuántos años echarle pero estaba seguro de que la diferencia de edad no era amplia.
Intenté girarme, pero antes de poder hacerlo un nuevo brazo paró el movimiento de todo mi cuerpo, una reacción muy rápida, pensé. No obstante cuando bajé la mirada ahí estaba la mano de aquel camarero, afirmándome que había lo había visto. Que había visto a Ben.

Apreté las mandíbulas con mucha fuerza, tanto que no sé si mis dientes llegaron a chirriar al rozarse entre ellos. No sabía si podía fiarme de un grupo de desconocidos que, con un chasquido de dedos, no dudarían en arrancarme todos los pelos de la cabeza. Pero… se trataba de Ben. Llevaba buscándolo incontables meses y ya no sabía a dónde ir ni tampoco qué hacer. Probablemente por eso terminé volviendo a girarme del todo, quedando frente a ese chico. Porque la esperanza es lo último que se pierde, y desgraciadamente es ciega. No sé qué habría sucedido si no hubiese tomado esa decisión; si hubiese salido por la puerta mi vida sería, probablemente, muy diferente.

Pasé la lengua por mis labios en un intento de recobrar la humedad de éstos. Miré a todos, el bar seguía con los ojos fijos en mí y yo, en cambio, los dejé apoyados en la muchacha pelirroja que en la distancia me dedicaba una diminuta sonrisa. Era la única de todos esos que no ejercía en mí ningún tipo de intimidación, era la típica persona que parecía ser agradable. Con esa con la que puedes charlar durante horas.

“Es guapa”, pensé para mí. Nunca había atraído a ninguna pelirroja, puede que porque en el instituto no había demasiadas. Al menos no en ninguna de las clases a las que yo iba.
-¿De verdad?- Murmuré, devolviendo la mirada al chico que todavía sujetaba mi brazo. Le miré intensamente, intentando reconocer algo en sus facciones que me diese una ligera evidencia de la mala decisión que había tomado. Pero no había nada, solo unas pestañas oscuras que dibujaban sombras en lo alto de sus pómulos y una expresividad tan neutra que hacía bailar escalofríos a lo largo de mi columna vertebral.- Necesito… Hm… ¿podrías… ayudarme?

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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Alex Park el Dom Abr 26, 2015 3:47 pm

Sacudí una vez más la cabeza intentando alejar a aquella panda de idiotas del que desde ese momento sería mi invitado, pero a veces a aquellos pobres chavales de la calle parecía no llegarles bien el riego a la cabeza, porque por mucho que hiciese una y mil señales para que se apartasen y le dejasen en paz, no parecían captarlo. Allí se quedaron, bien pegados a él, dándome una protección que una simple foto me había dejado claro que no necesitaba. Sentí que le estábamos dando miedo, quería que se quedase y con nuestro comportamiento sólo conseguiría el efecto contario o eso había pensado, pero parecía que Ben, que el idiota de Ben, era más importante para ese chico de lo que pensaba.

En ese momento me fijé por primera vez en su rostro más allá de lo que de normal haría con cualquier otro, de lo que había hecho con él durante los anteriores días que había pasado por el Charisma. Tenía una mirada limpia, sincera, parecía todo lo contrario a lo que yo era o incluso había sido alguna ver en toda mi vida. Se parecía a Ben y a la vez no tenía nada que ver con él. Mientras el uno daba siempre la sensación de ser un buen niño, la víctima de todo l que le pasaba, a aquel que tenía frente a mis ojos había que mirarlo detenidamente para darse cuenta que era todo lo que su amigo aparentaba, pero al que, si mirabas de paso, parecía uno más de esos que harían lo que fuese por sobrevivir sin pensar en lo que ello acarrearía. Digamos que despertaba en mí ese sentimiento de protección que sólo dos personas habían conseguido antes, me recordaba en cierto modo a Emily, pero sin su fuerza y su valor, una Emily asustadiza y, por supuesto, hombre. El hecho de que clavaba sus ojos precisamente en ella no pasó desapercibido para mí, fruncí el ceño molesto, pero el gesto de en mi rostro desapareció en el mismo momento en que sus oscuros e inocentes ojos se clavaron de nuevo en mí y me mantuve sereno, tranquilo y sin esperar una respuesta a mi afirmación que me agradase.

Aquella pregunta me hizo comprobar cuan equivocado estaba. Asentí dos veces, una por cada vez que había hablado y con la cabeza le señalé una de las mesas vacías que se encontraba algo más separada de lo normal. No quería que siguieran pegados a él, que lo intimidasen de la forma en que lo estaban haciendo, si me lo llevaba un poco más allá conseguiría que volviesen con el resto del grupo y así hablaría con tranquilidad con ese chico. Después de todo, ni siquiera su afán por protegerme superaría al respeto por toda conversación privada que yo, su líder, me obcecase en mantener.

- ¿cómo te llamas? – me lo quedé mirando de lado y, tras separar de nuevo los labios, giré el rostro y con él todo mi cuerpo y me encaminé hacia la mesa que momentos antes le había señalado – yo soy Alex, trabajo aquí.

No pretendía esconderle mi verdadera posición en aquel barrio, pero no creí conveniente darle cierta información antes de tiempo, antes de saber exactamente su nombre, su banda, de dónde procedía y lo que pretendía de quien, por mucho que me pesase, estaba a mi cuidado.

- Ben seguramente aparecerá por aquí tarde o temprano – comenté mientras me dejaba caer sobre una de las sillas y recostaba mi cuerpo contra el duro respaldo. Froté mis ojos con las palmas de las manos y dejé que ese largo suspiro de cansancio escapase de mis labios – por favor, siéntate.

Apoyé los brazos sobre la mesa mientras me preguntaba tantas cosas acerca de él que ni en toda la tarde habría podido responderme, pero la mayor de mis cuestiones se centraba en por qué yo no podía ser como él, me preguntaba en qué momento había destruido la inocencia que ya ni recordaba haber tenido, me preguntaba el por qué la vida se había repartido de tal forma en que unos nos veíamos obligados a denigrarnos hasta los límites para poder comer y algunos morían en las calles a manos de semejantes, mientras otros podían disfrutar de una familia, una cena caliente cocinad por alguien que les quiere en una casa acogedora, bonita y llena de un amor que los primeros jamás habían sentido, ni sentirían en lo que les restaba de vida, en lo que me restaba de vida.

El mundo era cruel e injusto, pero aquellos ojos no tenían la culpa, aquellos ojos buscaban ayuda como tantos otros la habíamos buscado en cientos de momentos en el pasado.

- Dime exactamente lo que necesitas saber y tal vez pueda ayudarte.

Levanté el brazo para hacer un gesto a Lorie y que acercase hasta la mesa la coca cola que todavía aguardaba ser tomada en la barra, odiaba tener trabajando a esa niña en el bar, pero era la única forma en que podía mantenerla vigilada en todo momento, si no era por mí al menos por mi mejor amiga. Con su también pelirroja melena vi como rápidamente recogía la copa y se acercaba hasta la mesa, sonriendo con esa alegría aparentemente tan natural, aunque bien sabía que no lo era en absoluto y a la que respondí de igual manera antes de que se marchase y nos dejase solos para que yo pudiese volver a fijar la mirada en él...


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Re: Una copa o dos [Jay]

Mensaje por Jay Kim el Dom Ene 10, 2016 3:55 pm

El bar seguía creándome unos escalofríos que no podía controlar. Las miradas se posaban en mí y, por mucho que tratasen de ser disimuladas, podía captar todas y cada una de ellas. Lo que más me molestaba era la presencia que la persona delante de mí tenía. Su estatura no era mucho mayor que la que yo guardaba y tampoco tenía un porte lo suficientemente ancho como para amedrentarme. Era la forma que tenía de mirar, de actuar, de hablar. La conversación era incómoda y la sangre latía con tanta fuerza por mis venas que sentía cómo éstas se hinchaban de nerviosismo. No estaba seguro de que Ben hubiese pasado nunca por allí y mucho menos que la persona que ahora se sentaba frente a mí la hubiese visto. Sin embargo no me moví, me aferraba a la silla tanto como a la idea de encontrar a Ben de una vez por todas.
Las figuras por el bar iban entrando y saliendo, recogiendo gente más o menos delgada, mujeres y hombres, y desaparecían con sonrisas torcidas y ojos vacíos. Me preguntaba si era así como volvía la gente después de salir por la puerta de un bar que se presentaba tan indecente en contraste a la apariencia exterior. Estaba más que seguro que en otra vida había sido una tasca irlandesa o simplemente un bar común de barrio. Ahora era lo más parecido a un prostíbulo que había visto en mi vida. O más bien en Google.
Los ojos oscuros de ese tal Alex seguían clavados en mí. No comprendía por qué no podía apartar la mirada de mi cara hasta que me di cuenta de que me había hecho una pregunta. Agarré mis propias manos, haciendo así que no se notase el temblor de éstas y con toda la firmeza que pude reunir elaboré la respuesta.– Jay, me llamo Jay. –Dije, controlando el tono de voz para que ningún gallo estropease la naturalidad con la que había pronunciado mi nombre.
Era absurdo. Lo único que quería saber era dónde se encontraba mi mejor amigo y por qué iba a ir a un sitio como ese. ¿Qué tenía que ver con el mundo que se encontraba en el interior de esas cuatro paredes? Ben era un chico normal, con sus más y sus menos. Nos habíamos llevado bien siempre, él era extraño y no tenía muchos amigos pero yo los tenía por los dos. Nunca había sido rechazado por ningún miembro de mi grupo y podía confiar en mí para todo lo que quisiera.
Pero entonces…
Las cosas habían cambiado tanto entre ambos que no estaba seguro de poder decir lo mismo. Por lo visto mi mejor amigo siempre tendría secretos, secretos que escondía de mí con el único propósito de ser quien era lejos de lo que yo esperaba que fuese. Se había tomado tantas molestias en ocultarse que empezaba a plantearme la posibilidad de que no quisiese ser encontrado. Y ese único pensamiento hizo que un pinchazo recorriese de lado a lado mi corazón. ¿Por qué iba a quedarme en ese bar arriesgando mi vida, abriendo la posibilidad de dejar a mi hermano solo, cuando otro no ponía facilidades para ser encontrado?   
Por lo visto tenía tiempo para irse de bares y si lo conocían allí no sería la primera vez que visitaba el local.
Ben”, me dije a mí mismo, rezando para que me oyese aunque fuese sólo en sus sueños, “pensaste que no te encontraría y heme aquí”.
Siempre cabría la posibilidad de que estuviese muerto y todo fuese una estratagema para que me quedase allí. Drogarme con la Coca-Cola, sacarme los órganos y después traficar con ellos.
De nuevo, Jay, has visto demasiadas películas.
Sólo quiero encontrarle. Tengo mucho que decirle. –Fue mi respuesta, apartando la mirada de esas perfectas facciones que siempre me la mantenían. ¿Por qué alguien tan guapo iba a estar allí dentro? ¿Por qué sucumbir a una vida tan arrastrada y sucia?
Dejé ir todo el aire por la nariz, volviendo a revisar todos esos individuos que me miraban como si fuese una amenaza. Yo no era el que tenía las armas, venía solo con mi diminuta cartera y mi esperanza a un sitio donde podrían abrirme en canal y quitarme toda ella. Repentinamente me sentí pequeño y como reacción inevitable me encogí un poco más en la silla, agarrando el vaso con una mano pero sin beber su contenido en ningún momento. Seguía dudando, ¿podía fiarme? No estaba seguro.
Cuando pestañeé el gesto duró más de lo normal. Al cerrar los ojos, dentro de esa fugaz oscuridad, me imaginé con mi hermano y mis padres viendo una de esas películas antiguas que nos habían entretenido los domingos por las tardes. Tay siempre se quejaba de lo malas que eran y que no tenían color pero a cambio se comía todas las palomitas y no dejaba nada para el resto. Yo siempre le lanzaba los cojines llamándole gordo. Echaba de menos eso. Quería volver con él.
Arrastré la silla hacia atrás y me levanté, deseando tener un tono condescendiente al hablar que nunca llegó. No me habían hecho nada, no quería guardar rencor a esas personas. Cada uno sobrevivía como podía y estar allí no era mi medio de vida. Le dediqué una última mirada y avancé un par de pasos, escondiendo las dos manos en el bolsillo de los pantalones.– No puedo quedarme más tiempo. No es un buen lugar para mí. Volveré a buscarle. –Agaché un poco la cabeza a modo de saludo, queriendo agradecer al menos la compañía o que me hubiese defendido de todos esos animales que me habían hecho el cerco un rato antes. Si volvía a casa con vida sería un logro más que añadir al día.– Gracias.
Dichas esas palabras aceleré el paso, no sé si corrí hacia la salida sólo que en unos minutos ya estaba cerca de Skyline. Pasar por esa zona era doloroso pero si sabes cómo escabullirte, ningún independiente o Bizz es capaz de cogerte.
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