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Buscando en el almacén [Emily]

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Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Alex Park el Sáb Abr 11, 2015 4:18 pm

Miré a mi alrededor varias veces antes de indicarle a Emily que me siguiera, éramos rápidos y podíamos saltar cualquier obstáculo para llegar a donde necesitásemos, aquella era nuestra gran ventaja. Si había hecho acudir esa noche a mi amiga allí era porque una vez más necesitábamos ciertos suministros que se nos estaban agotando, la cosa empezaba a ponerse fea de verdad y cada vez acudía más gente al bar a por algo de comida, protección y un lugar donde quedarse y yo comenzaba a sentirme como una puta hermanita de la caridad, cosa que, evidentemente, no había sido en mi jodida vida, por qué debía serlo de pronto entonces. Era el momento en pensar en mí y en los míos más que nunca y me hartaba ver como algunos de esos que se hacían llamar independientes intentaban aprovecharse de mi buena fe. Era el líder de los Kaari, y si habíamos formado esta banda era precisamente para protegernos los unos a los otros del resto de bandas que se estaban formando en la ciudad, lo último que necesitábamos eran gorrones que tan solo pretendían recibir sin dar nada a cambio.

En silencio y con mucho sigilo, guie a Emily hasta la entrada del almacén del supermercado del centro comercial. Aquella era nuestra zona y nadie más debía acceder a ella, a nuestra comida.

- ¿Has traído lo que te pedí? – pregunté sin mirarle mientras le quitaba una de las horquillas de su pelo y me agachaba a forzar, una vez más, las cerraduras de la gran puerta. Emily y yo éramos increíblemente ágiles pero todo lo que teníamos de más en ese aspecto era de lo que carecíamos en fuerza. Rapidez y cerebro, eso éramos nosotros. Hacía poco había localizado una furgoneta de reparto de pan, abandonada cerca del hotel, nada más verla supe que era lo que necesitábamos para llevarnos algo más de un par de cajas de comida, después de todo, nuestro almacén era lo bastante grande para guardar más, mucho más, y los alimentos corrían peligro allí, a los ojos de todos esos independientes y de las bandas que se atreviesen a cruzar el territorio de Hillcrest, donde nosotros, los Kaari, teníamos el completo control.

Cuando al fin la segunda cerradura se rindió a mí, empujé la puerta pasando primero por si teníamos alguna compañía inesperada. Con mi linterna fui apuntando hacia todas partes y tras ver que estaba, o al menos parecía, vacío, invité a mi pelirroja a pasar haciéndole un gesto con la cabeza. – Debemos tener cuidado – vi de reojo que ella asentía y en un tono de voz especialmente bajo, de forma que mis palabras sonasen más como una confidencia, continué con mi perorata. - ¿lo has notado, verdad? Cada día son más, vienen a Hillcrest, roban en nuestros almacenes, en nuestras farmacias. Nos quitan todo y no nos dan nada. Emily… necesitamos parar esto, cuanto antes. No me mires así – dije aunque no había podido comprobar si realmente me estaba mirando a mi o continuaba investigando las estanterías del gran almacén, pero podía asegurar a que lo habría hecho, como siempre – qué haremos cuando nos quedemos sin alimentos por su culpa, tengo que luchar por los míos, no por gente que no conozco, si realmente quieren utilizar lo que nos corresponde, que me ofrezcan algo a cambio. Si pecas de bueno te conviertes en tonto y yo mi querida amiga, no estoy donde estoy por ser un tonto. – finalicé dando un largo suspiro al acercarme a una de las carretillas y tras ponerme la linterna en la boca, la cogí yendo con ella hasta donde Emily estaba para ayudarla a cargar algunas cajas en ella. – puedes decirme lo que piensas de todo esto, sabes que tus consejos son lo que más valoro en este apestoso mundo en el que vivimos – me limpié la mano tras dejar la linterna entre las piernas, esta me había dejado la palma algo húmeda tras haber estado en mi boca y aquello resultaba desagradable. Sin más comencé a comprobar el contenido de cada caja y cargar aquellas de más valor. Tendríamos que realizar varios viajes, pero no importaba.


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Emily Gallaher el Sáb Abr 11, 2015 4:25 pm

En cuanto Alex me dio permiso para pasar dentro del almacén así lo hice. No es que me gustase hacer lo que los demás me dijesen pero las indicaciones de Alex siempre habían sido de lo más adecuadas a la situación, e igualmente no tenía por qué no hacerle caso cuando él era la persona más inteligente que había conocido. Pasé despacio tras él, tratando de forzar el mayor sigilo que era capaz de conseguir y, tras arrimar la puerta del almacén para no dar una señal de que estábamos dentro a nadie que pudiese pasar por allí, comencé a revisar todas las estanterías que había a mi alrededor alumbrada por la pequeña linterna que llevaba en mi mano. La potencia de luz era mínima y me dejaba ver poco detalle de lo que había en las cajas, aun así lo suficiente para saber cuál era la que merecía la pena llevarse y la que no. 
Las palabras de mi mejor amigo llamaron la atención de mi cerebro mientras mis manos abrían y cerraban todo lo que encontraban en busca de cosas que necesitásemos aparte de alimentos. Obviamente la comida era lo más importante pero yo nunca olvidaba la necesidad de otros productos como los de limpieza o de primeros auxilios que por desgracia comenzaban a ser más necesarios según iban pasando los días. 
Ciertamente tenía razón, cada día más gente acudía al bar en busca de ayuda, en busca de comida. Sabía que él lo veía como un gesto de egoísmo según las palabras salían de su boca, y podía ser. Sin embargo cuando algún independiente aparecía en el bar en busca de comida yo me lo tomaba como un grito de ayuda.
Con una mirada de reproche dejé en el suelo una caja con varios productos de desinfección de heridas y paquetes de gasas. Lo escuchaba hablar, asombrada como siempre por la sinceridad con la que dejaba salir sus pensamientos y también por su forma de percibir esa etapa de la ciudad tan distinta a la que ella tenía –
 ya no sé qué pensar de la gente de esta ciudad, Alex – dije cuando él estuvo cerca, dejando una caja llena de paquetes de arroz dentro de la carretilla atenta no sólo a lo que pudiese responder sino a todos los ruidos que ocurrían dentro del almacén y también fuera. San Diego se había vuelto agresiva, y no estaba segura de que pudiésemos medir las incursiones dentro de nuestro territorio – todo se ha vuelto extraño y la gente… - sacudí la cabeza alejando todos los pensamientos negativos de la cabeza. Las peleas aumentaban y también las personas que llegaban con nuevas heridas al bar sin querer decir de dónde habían salido y por qué. Continué buscando comida en las estanterías, intentando coger aquello necesario y de menos peso. Éramos sólo dos y a pesar de ser ágiles no teníamos fuerza para cargar grandes pesos – tampoco quieres empezar una guerra, ¿no? Sería… egoísta dejar a alguien muriéndose de hambre. ¿Y si un independiente necesitase la ayuda de verdad? ¿Vas a dejar que se muera porque no está dentro de la banda? – me mordí el labio inferior, mirando a mi mejor amigo en la oscuridad, apenas podía verle bien porque las dos linternas apuntaban al suelo. Temía que si subía mucho la luz se pudiese ver el reflejo desde fuera llamando la atención de algún transeúnte no deseado. – seguimos siendo humanos después de todo – y con esas palabras metí una pequeña cajita de tiritas de colores dentro de una de las grandes, no es que necesitásemos algo tan tonto pero a veces, cuando paseaba por mi barrio, veía niños pequeños siendo ayudados por otras personas, y de buena mano tenía la información de que había una banda en alguna parte de la ciudad que intentaba por todos sus medios ayudar a los que más lo necesitaban. Nosotros no éramos como ellos, no teníamos ese objetivo. Quería asegurarme de que si Alex abandonaba la idea de ayudar a los independientes o a quien recurriese al bar, al menos podíamos apoyar a esos que estaban dispuestos a hacerlo. 
En cuanto terminé de revisar lo que había en las estanterías a la altura de mis ojos un sonido llamó mi atención, un chasquido lejano que hizo eco por el almacén donde nos encontrábamos los dos. Automáticamente apagué la linterna y miré a Alex a través de la oscuridad, podía distinguir su silueta gracias a  los rayos de la luna que entraban por los ventanales más altos a pesar de que me hubiese encantado poder ver su expresión o un atisbo de cómo debíamos actuar - 
¿lo has oído? – susurré. Dejé la linterna apoyada sobre una caja y pasé por debajo de una de las estanterías intentando encontrar una puerta que no fuese la que teníamos  a nuestras espaldas. No veía absolutamente nada, ni siquiera los artículos a dos palmos de mi cara. Desconcertada salí de ahí abajo sin hacer ruido y estiré una mano en busca de la figura de mi mejor amigo, que debía haberse movido porque mis dedos no le encontraron cuando alcanzaron el mismo sitio donde él había estado antes.



   
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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Alex Park el Lun Abr 13, 2015 5:56 pm

Aquello parecía un campeonato de tetrix. Confiaba plenamente en el criterio de Emily para seleccionar todo aquello que más falta nos hacía, aunque no por este motivo yo dejaba de comprobar lo que podríamos estar “olvidando” en ese viaje tan vital y que, en caso de surgir algún problema que nos evitase poder volver a por más cosas, al menos nos proporcionase todo lo que necesitábamos con urgencia. Por lo demás, me limitaba a recolocar lo que mi buena amiga dejaba en la carretilla. Armaba figuras perfectas, haciendo encajar unas cajas con otras, unas botellas con otras y ambas entre sí, una humilde forma de sacar esa vena cuadriculadamente artística que de vez en cuando había hecho surgir tiempo atrás.

Con un suspiro de desesperación me peleé con una de las botellas de alcohol que parecía no llevarse bien con el agua oxigenada. Siempre que me ponía nervioso o me enfadaba mi frente se arrugaba y mis cejas, encorvadas, me hacían tomar el aspecto de un dibujo manga, o al menos eso me habían dicho siempre, seguramente para reírse de mi ascendencia asiática, pero todo eso era algo que siempre me había dado igual. Al final, todos, sin importar la raza, habíamos acabado igual y todos acabaríamos igual… y este último pensamiento no debía salir de mi cabeza, al menos no ante Emily o alguno de los miembros de los Kaari. Mi objetivo y, en definitiva, obligación como miembro de esta banda sin habilidad alguna, era dar esperanza a los que pertenecían a ella, pero cómo podía dar esperanzas cuando ni yo las poseía. Era complicado. Protegerles era la única forma que me quedaba, manteniendo la fuerte unión que todos teníamos entre nosotros. En los Kaari no había lugar para la traición. – que están mostrando sus verdaderos rostros, Emily – quité la caja del lugar conde ella la había dejado y proseguí con mi perfecta colocación, porque si era yo quien la hacía, sin duda, sería perfecta. – todos se encuentran bajo presión y ello hace que sus actos se guíen más por sus emociones internas, todas ellas que en otro tipo de situaciones controlarían. Esto es el caos, pero, al menos no es la guerra. – Conté el número de paquetes de arroz que llevábamos encima y me alejé con mis pensamientos de la carretilla y la linterna en el brazo sujeta contra mi torso.

Esa pelirroja siempre terminaba haciendo o diciendo algo que descuadraba mis argumentos por completo. Esa era una situación extrema para todos, también para mí. ¿Dejaría morir a alguien tras haberme pedido ayuda, sólo por haber decidido no unirse a una banda? El rostro de Harrison acudió de pronto a mi cabeza y la linterna cayó precipitándose hacia el suelo de forma peligrosa. Esos momentos, entre muchos otros, agradecía que mi cuerpo hubiese cambiado, pues antes de que ese pequeño artilugio nos delatase, se encontraba de nuevo entre mis manos. Fue otro el ruido que se escuchó, no solo yo, cuando apagué mi linterna Emily ya había hecho lo mismo con la suya. Asentí a su pregunta, esperando que pudiese verme ya que me negaba a dejar salir un solo sonido de mi cuerpo. De pronto ella desapareció y yo caminé hacia donde se encontraba nuestro “botín” en un acto inesperado de protección, lo necesitábamos, no podíamos marcharnos sin la carretilla.

El siguiente chasquido sonó mucho más cercano, a mis espaldas. Me agarré entonces a una de las baldas de la estantería y trepé lo más rápido y sigiloso que aquella especie de poder de superhérose de cuarta me permitía. Desde l más alto podía ver hasta cuatro pasillos más allá del supermercado y, desde detrás de uno, apareció y desapareció en menos de un segundo una silueta. A la misma velocidad que había subido, descendí, colándome bajo la estantería donde momentos antes mi pelirroja había desaparecido y, colocándome tras ella la pegué a mí y cubrí su boca con mi mano. – hay alguien… - susurré lo más bajo que fui capaz y la solté de nuevo ya seguro de que no emitiría algún extraño sonido. Di dos rápidos toques con el dedo en su espalda y comencé a gatear bajo la estantería en dirección contraria al extraño infiltrado. No iba a arriesgarme, debíamos escondernos, esperar y cuando se hubiese marchado, desaparecer con la mercancía lo más rápido posible hacia un lugar seguro.
No, aún no había llegado nuestra hora.


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Emily Gallaher el Miér Abr 15, 2015 8:43 pm

Los diferentes sonidos me desconcertaron al no saber la proveniencia de ellos. No era como si alguien perteneciese a ese lugar y actuase normal, sino que se trataban de pequeños crujidos y torpes rasgamientos que uno realizaría al colarse en algún lugar, tal y como sabía que Alex y yo habíamos estado haciendo unos minutos antes.
Me sobresalté cuando de la nada unos brazos se apretaron a mi alrededor. Una mano cubría mi boca y durante unos instantes mis pulmones dejaron de respirar. Quería gritar para pedir ayuda a mi amigo pero antes siquiera de tener la oportunidad de rebelarme, el susurro de su voz sobre mi oído calmó mi cuerpo e hizo que me relajase.
Su indicación, así como ese apunte sobre la existencia de alguien más en ese almacén, me hicieron agacharme al igual que la silueta del muchacho. Apenas podía diferenciarle en aquella oscuridad, salvo por los bordes de su figura y el reflejo de la luz que entraba por los ventanales superiores en su pelo negro. Alex a menudo me recordaba a un felino: bello y sigiloso, así como ágil. Esa última cualidad la habíamos adquirido ambos tiempo atrás y, aunque no la utilizábamos demasiado, siempre había resultado de lo más útil.
 
Gateé intentando no hacer ni un solo ruido. Había obligado a mi cuerpo a reducir el ritmo de inhalación de oxígeno para evitar que mi respiración fuese un problema a la hora de captar la atención del individuo misterioso; sabía que nos movíamos en dirección contraria pero eso no hacía más que incrementar mi curiosidad sobre quién era esa persona y qué hacía en ese lugar a esas horas de la noche.
 
Probablemente se tratase de una persona más como nosotros intentando alimentar a su banda, si es que se trataba de algún jefe. No creía que ninguno de esos estúpidos Engine se molestase en venir a robar cuando podían tener todo lo que quisiesen a su alcance, la mayoría de esos seres perdidos que vagaban solitarios por las calles les lamían el culo a cambio de un poco de limosna. No podía culparles, yo misma había sido reacia a unirme a los Kaari tiempo atrás, incluso cuando Alex se había vuelto el cabecilla de ésta. No podía mentir y decir que me parecía bien todo lo que hacían pero tiempos desesperados exigen medidas desesperadas, y durante mucho tiempo yo misma había sido una de esas almas perdidas. La banda se sentía como un hogar, estar en el Charisma, después de tanto tiempo rebuscando en cualquier lugar por comida, era mejor que un palacio. No podía quejarme de lo que mi mejor amigo me había dado y mucho menos viniendo de la más absoluta nada… tras antes haberlo tenido todo.
 
Con delicadeza alcé la mano para encaramarla al estante superior contra la que mi cabeza se chocaba de vez en cuando. Tener el pelo largo era algo incómodo en lo que a robos se refería y siempre se me quedaba enganchado o enredaba en el lugar y momento menos convenientes. Cuidadosamente saqué la cabeza por el lateral y trepé al estante superior para poder continuar con mi camino siguiendo el rastro del movimiento de Alex que podía percibir a través de las pequeñas rendijas de los estantes.
A mitad del trayecto me quedé quieta. Los ruidos parecían haberse movido y ahora estaban más cerca de nosotros que antes. Todo mi cuerpo se tensó de golpe y me agarré a una de las barras de metal que funcionaban como pilar para las bandejas que sostenían los productos bien colocados, esos productos que habían desaparecido ya en su mayoría a lo largo del día. Siempre reponían por las mañanas, pero como la gente trabajaba, no podíamos elaborar un robo delante de todo el mundo.
 
 
No me atreví a continuar con el movimiento ni tampoco a avisar a Alex. Todo mi cuerpo se había congelado en una misma posición y mis ojos azul claro escrutaban la oscuridad alrededor de nosotros. Si nos íbamos… no, no podíamos hacerlo, no podíamos abandonar la comida allí.
Tragué saliva con fuerza y me armé de valor para bajar la mano y hacerle una rápida señal a Alex. Los crujidos continuaban moviéndose en diferentes direcciones y hacían eco por los pasillos. Yo no reconocía ninguna silueta, pero el sonido se volvía cada vez mucho más claro y el ruido sentido cuando la reverberación no era exagerada. Eso quería decir que se acercaban a donde los dos estábamos posicionados.
 
No me atreví a moverme. Opté por calcular la distancia que nos separaba a Alex y a mí estando en diferentes soportes, también si los ruidos podía hacerlos una misma persona contando los segundos entre ellos. La cercanía fue obvia cuando lo que antes había sido solo eco, ahora yo podía identificarlo como pasos sobre el suelo liso o rozaduras entre la tela de la ropa. No quería saber si se trataba de alguien peligroso o no, si necesitaba ayuda o coger comida. Lo único que deseaba en ese momento era recoger nuestras cosas e irnos sin tener ningún tipo de altercado.

De un salto, silenciosa, bajé a la repisa inferior y busqué con mis brazos a Alex, unos metros más allá. No pude ver su rostro hasta que no lo tuve a escasos centímetros de la cara. Mi susurro sonó calmado, no obstante, la garganta hacía rato que se me había quedado seca de la tensión.– Creo que no es solo una persona. –Dije, casi sobre su oreja.– Los pasos vienen de dos lugares diferentes.



   
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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Alex Park el Dom Abr 19, 2015 12:45 pm

No era difícil sentir la presencia de Emily tras de mí, aunque sus movimientos fuesen precisos y sigilosos, pues no se podía escuchar un solo sonido proveniente de ella, los últimos meses había aprendido a sentir su presencia cuando estaba cerca, tal vez era debido al olor de su ropa o de su cabello, siempre agradable, limpio. Continué avanzando tranquilo en ese sentido, aunque sí que era cierto que la tensión empezaba a recorrer todos mis músculos y a entumecerlos, me sentía menos ágil, como si de pronto hubiese retrocedido en el tiempo y me encontrase con mi cuerpo tal y como un par de años atrás.
No obstante seguí avanzando como pude. Agachándome hasta casi rozar con mi mejilla el suelo sobre el que me arrastraba. Todo era suciedad a mi paso, lo cual nunca había sido algo que me agradara, e ir recogiendo con la ropa las pelusas de polvo, bacterias y mugre que se había ido acumulando bajo esas estantería sin que nadie las limpiase en ellos me daba casi más asco que las ratas muertas que de vez en cuando esquivaba con facilidad. Ahí radicaba la diferencia, a esos animales podría esquivarlos y tal vez también a los que se encontraban fuera buscando solo dios sabía el qué, pero con la suciedad no pasaba lo mismo. La basura que el ser humano dejaba a su paso, destrozando el mundo de todas las formas posibles en las que se podría destruir. Yo era parte de esa gente que convertía San Diego en un lugar peor, impidiendo a la ciudad salir adelante, hundiéndola más en esa porquería de la que algunos la habíamos cubierto, pero era eso o morir y no estaba dispuesto.

Detuve un segundo el paso en el momento en que dejé de notar la presencia de Emily tras de mí para sentirla encima, fue ese segundo el más largo de mi vida y en el que mi corazón se detuvo invadido por el miedo y la frustración. Tomé aire despacio, muy calmado y en silencio, dejando que mis pulmones lo exhalaran y dejaran salir de mi boca una vez hubiese procesado el oxígeno que mis músculos necesitaban para recuperarse. Debía mantenerme fuerte y sereno. Nosotros éramos dos y yo sólo había visto una silueta, estaba claro que jugábamos con ventaja, pero aun así, prefería sacar a mi amiga y compañera de allí sin ser vistos y, a poder ser, en el menos tiempo posible.

Podía vislumbrar el fondo del pasillo cuando la pelirroja se acercó a mí. Era difícil ver algo más que su largo pelo y el brillo de sus ojos claros. Las dos cualidades de su físico que más me habían llamado la atención desde que la había conocido en mi primer día de clase.
Creo que no es solo una persona […] Los pasos vienen de dos lugares diferentes.
¿Cómo podía haber sido tan iluso? Guardé silencio con los ojos clavados en los claros, escuchando el sonido de los pasos, demasiado cercanos, se aproximaban desde el lado contrario del enorme almacén donde apenas un minuto atrás había visto la silueta de un hombre. Era imposible que fuese la misma persona.

Una tos lejana hizo que los pasos de aquel o aquella, que a cada segundo se encontraba más cerca de nosotros, se detuviesen. Fue ese el momento en que me agarré con ambas manos a uno de los soportes de la larga estantería y deslicé todo mi cuerpo hasta salir de debajo de esta. Mi objetivo era llegar al estante más alto, donde su campo de visión no nos alcanzara y pudiésemos resguardarnos tras los alimentos que quedaban amontonados en ellas gracias a que en ellos se encontraban lo que la mayoría de la gente menos demandaba. Llegué hasta el cuarto estante y de él me colgué con los pies, asomando la cabeza para llamar a Emily a quien tendí mi mano y arrastré conmigo fuera. – Sube lo más rápido que puedas – vocalicé casi sin emitir sonido alguno – y no hagas ruido… escóndete.

Volví así a engancharme a los estantes por los que trepé un par de ellos más a donde me había encaramado con los pies. Aparté sigiloso uno de los muchos paquetes de papel de cocina que en hilera se expendía por el amplio estante. Una vista privilegiada pero tan peligrosa que provocó que me encontrase con dos ojos extremadamente negros, tanto como los míos, que me miraban. El rostro que lo acompañaba me provocó escalofríos. Parecía impasible y… enfadado. En ese momento no pensé en otra cosa que ganar el tiempo suficiente para que Emily huyese de allí sin importar ya lo víveres que necesitásemos. Su vida era mucho más importante. Alargué los brazos hasta él y me agarré a la chaqueta de cuero, claramente de marca al igual que el resto de su ropa, cara, muy cara, y con los pies me impulsé saltando sobre él. La fuerza no era mi mayor virtud, pero esquivar sus golpes sin que él pudiese esquivar los míos me daba cierta ventaja.

No había opción a la duda. Dirigí mis golpes a su cara de niño rico, agradeciendo que no gritase. Sólo necesitaba una señal de que Emily estaba a salvo para salir corriendo de allí y pensar en cómo afrontar el hecho de, probablemente, haber dado una paliza a uno de los chicos de William…


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Derek Hoad el Jue Abr 23, 2015 11:31 pm

Nada más ver aquellos ojos supe que no debía haber salido de casa esa noche...

Esa había sido una tarde calurosa, aunque en la central eléctrica casi siempre hacía calor. Mi cuerpo parecía haber decidido no tolerar ni un solo grado más y las prendas que me acompañaban al salir de casa a las seis de la mañana, habían terminado en su mayoría sobre una silla de la sala en la que algunos de mis compañeros de clase y yo trabajábamos, pero si aquella sala era calurosa, bajar hasta las turbinas era aún peor. El ambiente cada día parecía sobrecargarse más, mientras unos nos conformábamos con el hecho de poder ver un día más las luces de la ciudad en funcionamiento, aunque habíamos tenido que reducir en gran medida el consumo, algo a lo que los días cada vez más largos nos ayudaban; otros se frustraban y cabreaban al sentir que nadie agradecía nuestro esfuerzo. Supongo que en parte tenían razón, algunos habían muerto al querer hacer trabajos para los que no estaban 100% preparados, pero yo nunca participaba en esas conversaciones. En general, no hablaba con casi nadie, pero eso era algo que todos tanto en los Frack como en los Comoko conocían y respetaban.

Cuando miraba a esas personas la recordaba a ella, en sus manos desgastadas, en su sudor, en su sonrisa y su desesperación, veía la bondad que una vez conocí tan bien.
Bajemos.
Asentí con una pequeña sonrisa, creo que sonreí, y tras abrocharme la bata cogí uno de los cascos y los guantes que podrían salvarme de terminar completamente electrocutado. Aquella era una zona peligrosa, pero Aura sabía perfectamente lo que hacía. Fui tras ella hipnotizado por el movimiento de su negra y larga coleta, a veces me preguntaba qué pasaría de nosotros cuando cumpliese los veinticinco ¿seguiría aquí para ayudarnos o simplemente desaparecería como lo habían hecho el resto? Y si así fuese, quién dirigiría esa parte de la central.

Me hizo detener ante la turbina que se había estropeado, todo Skyline se encontraba a oscuras en ese momento. Ella hablaba de la fuerte repercusión que podría tener aquello en un barrio de por sí peligroso cuando esa noche quedase completamente a oscuras.
Debemos actuar rápido. Dijo mientras me miraba y tendía el cuaderno rojo donde anotábamos todos los cálculos de tiempos de electricidad restantes para el resto del día y cómo debíamos suministrarla a la ciudad para mantenerla en un equilibrio que resultase seguro.
- ¿Qué tenemos que hacer?
- Está todo anotado
Eché un último vistazo al cuaderno y asentí de nuevo. Creo que esa vez también debí sonreír, aunque por su mirada, esa no era la situación más adecuada para hacerlo.

La roja libreta llena de anotaciones de Aura me acompañó durante toda la tarde hasta caer la noche ya en barrio de Hillcrest. Ni un minuto había tenido para pasar por mi casa y asearme un poco, tampoco es que fuese un obsesionado de la limpieza, pero al menos me gustaba sentirme medio limpio o no tener la sensación de que cualquiera que se acercase a mí fuese a salir corriendo por el olor, por eso en ocasiones me duchaba hasta dos y tres veces en un día. El lugar donde trabajaba me obligaba a ello. Agaché un poco la cabeza comprobando si realmente el olor a aceite y fábrica había impregnado tanto mi ropa y cuerpo como pensaba, así era, no había lugar a duda. Kat nunca decía nada, era natural, ella poseía la mayor parte del tiempo el mismo olor, aunque siempre tuve la sensación de que su obsesión con ella era tan grande como la mía, incluso mayor.

Tras exponerle el problema que teníamos, lentamente y sin perder la calma pues era algo que a ella no parecía gustarle y a mí tampoco, la decisión de encontrarme con uno de los miembros de los Comoko en el almacén del centro comercial había sido determinante. No perdía nada, necesitaba cobre, una serie de bobinas de cobre que tal vez pudiese encontrar allí de lo que se vendía para los coches, no es que las tuviese todas conmigo, pero había que dividirse y comprobar en todos los lugares posibles. Aquel que sería mi acompañante era un total desconocido para mí, no conocía su nombre, ni siquiera su sexo, pero estaría allí para ayudarme y a su vez ayudarle yo a él. Trabajar juntos y permanecer lo suficientemente alerta para protegernos el uno al otro, esa había sido la idea desde un principio. No es que yo fuese una pieza fundamental, pero tampoco era indiferente y, por suerte, Kat era una buena persona que protegía a todos los que se cruzasen en su camino y tuviesen buenas intenciones.
Un extraño escalofrío me recorrió la espalda cuando, tras adentrarme en silencio en el almacén, la puerta metálica se cerró tras de mí, debía buscarle, lo primero era encontrar al miembro de los Comoko y después recopilar lo justo y necesario para devolver la luz a todo Skyline. Alimentos, medicinas, etc, debían ser invisibles a mis ojos esa larga y perturbadora noche en la que mis pasos retumbaban en el suelo como si fuesen capaces de derrumbar aquel lugar y reducirlo a escombros. Cualquier señal de vida, un movimiento aunque fuese pequeño podría darme una pista de su paradero. Llamar su atención con la voz hubiese sido lo natural, lo correcto, pero aquella opción nunca había sido algo a considerar, tal vez porque ni siquiera caía en ella. Mis pasos se detuvieron entonces ante unas pequeñas cajas de tornillos, cogí algunas del seis y del dos y me las metí a los bolsillos y fue en ese momento cuando un sonido llamó mi atención. Todo mi cuerpo se estiró y sin querer hacer demasiado ruido me acerqué al lugar de donde procedía el ruido, era una estantería, tal vez alguna rata o cualquier otro animal ¿una ardilla? Siempre solía ver muchas por los parques y ellas también estarían hambrientas, pobrecillas…

Lo que en cambio me encontré fueron unos alargados ojos negros que se clavaron en los míos, pero no eran de un animal sino de un ser humano al que la locura atacó antes de siquiera poder decirle hola. Su cuerpo se abalanzó sobre el mío y comenzó a pegarme, no podía entender como los golpes caían tan seguidos sobre mí, sobre mi cabeza y mi rostro. La sangre ya manaba de mi nariz cuando conseguí cubrirme con los brazos ¿por qué me estaba atacando? ¿por qué a mí? La gente se había vuelto violenta, paranoica y sobre todo… mala. Giré el rostro para que la sangre cayera sobre el suelo y dejase de atragantárseme en la garganta al introducirse en mi boca y dejarme ese desagradable sabor metálico – para… p-por favor – fue l único que llegué a decir, pero no sabía si mis súplicas serían escuchadas.


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Emily Gallaher el Dom Abr 26, 2015 1:46 pm

Ayudada por Alex conseguí llegar al último estante donde intenté encontrar una posición que me permitiese esconderme mejor. Sabía que mi aspecto no era algo que pudiese pasar desapercibido, muchas veces había pensado en teñirme el pelo que en la oscuridad se notaba de un tono mucho más claro que la negrura. Intenté apartar un par de sacos que se apilaban en ese estante y algún que otro bote, manteniéndome de cuclillas todo el tiempo buscando con la mirada algo más ahí arriba que pudiese servirnos para la banda. No estaba muy segura de las cosas que guardábamos en nuestro propio almacén y viendo la situación, no tenía muy claro que tuviésemos oportunidad de cargar por mucho.

Estaba distraída, analizando los diferentes paquetes cuando el movimiento a mi lado me llamó la atención. Había sido un gesto rápido, tanto que en la oscuridad apenas había podido apreciar a Alex lanzándose hacia delante. El golpe de los dos cuerpos chocando hizo mucho ruido, demasiado, y ante la vibración de la estantería algunos botes de cristal impactaron contra el suelo al caer, creando ese molesto eco que rebotó por todas las paredes del almacén. Miré a mí alrededor, alerta ante la posibilidad de que los otros pasos se acercasen a nosotros. Los puñetazos sonaban amortiguados al chocar con la cara del individuo al que Alex había atacado y mi mente trataba de funcionar deprisa sin ningún tipo de resultado. Me puse en pie en la estantería y corrí hasta casi al otro extremo, buscando alguna silueta en los pasillos que se acercase a nosotros. No había nada extraño, quien estuviese allí a parte del intruso siendo atacado en ese instante era lo suficientemente listo para quedarse quieto.

De un salto bajé todos los estantes, llegando al suelo en milésimas de segundo para poder alcanzar el lugar de la agresión lo más rápido posible. Me quedé tras Alex, mirando fijamente las dos sombras moviéndose. El chico debajo de mi mejor amigo no se movía, ni siquiera se defendía, la sangre brotaba de su rostro y la imagen me aterrorizó: realmente creí que estaba muerto. Fue un alivio escuchar su voz intentando abrirse por su garganta probablemente llena de sangre y, ante su clemencia, alargué los brazos hacia el líder de mi grupo y tire de él con todas mis fuerzas intentando separarle de aquel chico. - ¡Para! – Grité, interponiéndome entre el cuerpo en el suelo y el de Alex, volviéndome para poder agacharme justo al lado del extraño. Vestía demasiado bien, o al menos eso es lo que pude apreciar con tan poca luz. Cuando le ayudé a darse la vuelta para escupir toda la sangre, sentí el tacto de la tela contra mis dedos, algo que me hizo sonreír. Hacía tiempo que no tocaba algo tan agradable. - ¿Estás bien? – Le pregunté, agarrando uno de sus brazos intentando que su rostro no chocase contra el suelo mientras lo echaba todo. Me sentía confusa ante la idea de un Engine allí dentro, robando, pero sobre todo sin capacidad para defenderse. Por muy ricachones y estúpidos que fuesen sabían de sobra cómo arreglárselas en una pelea, y por lo que tenía entendido de algunas historias del bar, nunca iban sin arma.

Giré la cabeza en dirección a Alex. Él se mantenía en el suelo, apoyado en sus manos sin poder creerse la situación, o al menos era lo que yo creía. Siempre que me compadecía de alguna persona ponía esa mueca en la cara que me hacía añadir un punto más en la lista de decepciones que yo le daba. De todas formas, por mucho que me doliese no dejarle terminar su trabajo, no podía permitir que él se convirtiese en un monstruo como todos los demás. Estaba en mi mano cuidar de mi mejor amigo y que no se volviese uno de esos animales que recorrían las calles golpeando a todo ser humano que se encontrasen. Por el momento había funcionado, al menos no habíamos salido perjudicados de ninguna de las situaciones en las que nos habíamos visto envueltos. - ¿Estás bien? – Le pregunté en un susurro, alargando mi otra mano en su dirección. Quería asegurarme que seguía ahí, en la oscuridad, aunque no pudiese verle a pesar de la poca distancia que probablemente nos separaba. O igual… igual no estaba allí.
El pánico me invadió por completo en los largos segundos que mi mano se mantuvo en el aire sin nada que la tocase, no podía ver ni siquiera la estantería de la que habíamos bajado. ¿Y si se había ido? O peor, ¿y si la otra persona seguía por allí?

Me puse de rodillas, atacada por el pánico. Yo podía huir con rapidez pero si tenía que ayudar a un herido me era mucho más difícil. Por no decir imposible. Yo no tenía fuerza.
-Tenemos que salir de aquí – Murmuré sobre su oído, tirando de sus brazos con todas las energías que yo podía reunir. Necesitaba que se pusiese en pie y ambos nos dirigiésemos hacia la salida. Si no encontraba a Alex allí dispuesto a gritarme, entonces volvería dentro a buscarle. – Hay alguien más. ¿Has venido con alguien más? – Con cierta brusquedad zarandeé su brazo intentando que reaccionase con más agilidad. No tenía tiempo para pararme a hablar con un extraño cuando mis ojos no encontraban a mi amigo, no sabía ni qué dirección tomar para salir del almacén sin tener un encontronazo con esa otra silueta que había desaparecido en la nada.

Comencé a andar, con el chico cogido de la muñeca. Si lo dejaba ir tal vez avisaba a la otra persona si es que era un miembro de su grupito de pijos o vete tú a saber. No sabía en qué dirección pensar desde hacía mucho tiempo, ya nada en esa ciudad me sorprendía. Tomé el camino hacia la izquierda, siendo sigilosa entre los estantes y sin olvidarme de mirar en ningún ángulo, Dios era el único que sabía lo que ese lugar podía esconder en ese inmenso silencio.
-Le debes tu vida al líder de los Kaari – Dije entonces, alcanzando a ver la puerta de la salida. Alex no estaba ahí, o al menos no podía verle a través del tramo entreabierto que las dos hojas de metal creaban. – No te olvides de eso. – Y sin decir una sola cosa más lo empujé hacia allí, corriendo a esconderme cuando un nuevo sonido movió de lugar mi corazón justo al centro de mi garganta.



   
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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Alex Park el Dom Abr 26, 2015 4:37 pm

Era como si me hubiese vuelto completamente loco, veía su cuerpo recibir los golpes sin oponerse, sin intentar hacerme daño y veía el espeso y oscuro líquido brotar de su rostro y aun así no pude detenerme, continué golpeándolo con la única idea en la cabeza de que Emily escapase de allí antes de que el otro intruso descubriese dónde se encontraba. No pude escuchar siquiera su súplica, aunque mis oídos captaron sus palabras mi cerebro se negaba a procesarlas, no quería dejarme engañar, no quería arriesgarme ni siquiera un poco y que alguien terminase muerto, tampoco él, pero en ese momento no era consciente del impacto de mis golpes contra su cuerpo. Yo no era un asesino y no quería convertirme en uno. Ese fue el motivo por el que cuando las manos de Emily me agarraron con tanta fuerza y tiraron de mí me dejé arrastras cayendo a un lado de ella y cuando su cuerpo se interpuso entre ese individuo y yo fui consciente por primera vez de la verdadera situación. Yo me encontraba bien, él no.

Su cuerpo estaba tendido en el suelo, con la mejilla pegada al suelo sobre su propia sangre, sangre de la que también mis nudillos estaban cubiertos. Me observé las manos con la respiración acelerada, nervioso, presa del pánico por lo que acababa de hacer, mientras mi mejor amiga se hacía con la situación, yo quería protegerla y al final era ella quien tenía que protegerme a mí. Siempre terminaba siendo lo mismo.
Derrumbado agaché la cabeza con las manos apoyadas en el suelo, de vez en cuando alzaba la mirada hacia los cuerpos apenas un metro más allá de mí. Veía como se ocupaba de él, como le ayudaba a escupir los restos de su propia sangre y tiraba de él para levantarse y pude sentir su mano mucho más cerca de mí cuando me preguntó cómo me encontraba. Asentí sin ser consciente de que en la oscuridad no podría serle fácil verme, pero las palabras no eran capaces de salir de mi garganta, donde se ahogaban y me dejaban sin respiración y mis brazos se sentían tan entumecidos que no reaccionaban a las órdenes que mi cerebro intentaba darles.

De pronto escuché otro ruido mucho más lejano y de nuevo noté como todo mi cuerpo reaccionaba por sí solo, ignorando lo que mi cabeza intentaba ordenarle, lo que mi sentido común decía, lo que mi amiga y aquel al que había herido necesitaban. Tan solo me puse en pie y eché a correr lejos de ellos, en dirección a aquel sonido. La oscuridad y la rapidez en que me movía, saltando de una estantería a otra, sin perturbar ni uno solo de los productos que en ellas abundaban, me daban una clara ventaja sobre quien fuese el compañero de ese niño rico o tal vez su persecutor, eso era algo que desconocía.
Miré hacia arriba y allí pude ver una viga alumbrada por la luz de la luna que se colaba por una de las ventanas de la parte más alta del almacén. Sería difícil llegar hasta ella pero tal vez lo conseguiría, lo haría si me relajaba y lograba concentrarme. Cerré los ojos y comencé a respirar despacio, profundo, hasta que ese compás fuese tan lento que pareciese que mis pulmones habían dejado de trabajar. Las cosas habían cambiado mucho desde que aquel poder, o lo que fuese, había invadido mi cuerpo y esas alturas lo dominaba todo lo bien que creía poder llegar a dominar algo en sí mismo tan extraño.

En cuanto abrí los ojos impulsé mis piernas y me agarré con las manos a uno de los cables de las apagadas luces que me sirvió como liana para llegar a la viga. Cuando miré hacia abajo ese escalofrío de incredulidad acudió a mi nuca al ver lo que acababa de hacer y dos nuevos ruidos me hicieron girar la cabeza en dos direcciones contrarias, a un lado dos cuerpos se movieron
Emily...
Y al otro una única sombra que desapareció a toda velocidad tras una puerta lateral, la que daba al centro comercial y no a la calle. Pensé en perseguirle, en ir tras él y descubrir quién era y lo que quería, pero qué conseguiría… quien fuese estaba claro que el ruido le había hecho huir y estaba completamente seguro de que no nos había visto a ninguno de los dos, es más, dudaba que tras todo el barullo se atreviese a acercarse a nuestro almacén en un tiempo. Robar a los Kaari no era tarea fácil, ni segura tampoco y cuanto más corriese la voz, más tiempo podríamos sobrevivir en San Diego, después… después seguramente tendríamos que buscar la forma de salir de allí.

Me eché hacia atrás, tumbado sobre la viga, con una pierna colgando a cada lado de esta y cerré los ojos, escuchando los pasos apresurados de mi amiga que me estaría buscando, sólo los suyos, ni un ruido más, eso me mantuvo tranquilo, guardando la serenidad que el respirar de aquella manera me daba y, además, no estaba preparado para escuchar lo que tuviese que decirme tras haber intentado matar a otro hombre de una paliza.
No, primero necesitaba asimilar aquello y, de paso, plantearme en qué me estaba convirtiendo como líder de los Kaari.


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

Mensaje por Derek Hoad el Sáb Mayo 02, 2015 12:54 pm

Todo se volvió oscuro para mí por un momento. Mi súplica no había servido de nada y aquel chico parecía mantener sus intenciones de destrozarme, iba a matarme, me mataría si no se lo impedía de alguna manera. Apreté los ojos, concentrando mis fuerzas en esos brazos ya entumecidos por los golpes que aquel sobre mí propinaba en ellos, me sentía ya débil y cada vez más mareado pero si me concentraba podría al menos defenderme un poco, luchar por mi vida ¿de verdad llegaría tan pronto mi final? Había tantas cosas que necesitaba hacer, esa ciudad nos necesitaba, yo lo sabía y estaba seguro de que el resto de bandas eran conscientes de ello también, pero eso parecía no importarles cuando sin escrúpulos nos perseguían, acababan con alguno de los nuestros, porque los Comoko habían terminado siendo como miembros de nuestra propia banda, o importándoles bien poco cuando uno de los Frack, de esas personas que les permitían seguir viviendo con muchas de las comodidades que antes tenían, moría en su empeño por protegerlos a todos. Quién les daría agua potable, electricidad, calefacción o incluso comida cuando todos hubiésemos muerto. Kat tenía razón en muchas de sus conclusiones. Pocos eran los que apreciaban todo esto y, por eso, recibíamos golpes, puñaladas, persecuciones y desprecios como si nuestra presencia no sirviese de nada, como si fuésemos un obstáculo.

Si yo hubiese desarrollado alguno de esos cambios todo sería más sencillo, al menos para mí, pero no tenía nada, sólo mi cabeza y pronto ni tan sólo eso me quedaría. Me sorprendió que el dolor dejase de ser punzante para convertirse en una memoria corporal de los golpes que había estado recibiendo y entonces sentí otras manos, más pequeñas y delicadas que me ayudaban a colocarme de lado y escupir todo el resto de sangre que se impregnaba en mis dientes y aparato, el mismo que los puñetazos había hecho que rasgase la fina piel del interior de mi boca y la llenase de llagas. Me costaba hablar.
¿Estás bien?
Su pregunta sonó en mis oídos aún más suave de lo que probablemente ella había pronunciado, asentí incapaz de responder con palabras y abrí los ojos, su pelirrojo pelo caía junto a mi cuerpo y pude ver como algunos mechones rozaban mi sangre encharcada en el suelo. Me sentí libre por un instante, aquella chica me había salvado de morir a manos de quien parecía su conocido, tal vez por eso mismo había podido detenerle, y aparté la mano de mi cabeza interponiéndola entre mi sangre y su pelo. El dolor era tan grande que hasta ese pequeño gesto lanzó a mi cerebro las corrientes que se extendieron al resto de mis músculos y a mi garganta, obligándome a soltar un corto lamento que en poco ayudó a la situación.

Me apoyé en el antebrazo y en la frente intentando incorporarme, en algún punto de esa pelea unilateral había perdido mis gafas, pero ya no esperaba recuperarlas. Noté como tiraba de mí y saqué toda la energía que quedaba en mí para no ser una gran carga a su pequeño cuerpo.
Malamente conseguí incorporarme del todo para escuchar lo que decía. ¿Salir de allí? Yo no podía marcharme así, sin más. No sin antes haber intentado recopilar todo lo que necesitaba, pero ella podría ayudarme ¿por qué no lo hacía? ¿de qué tenía miedo? Las únicas personas peligrosas en ese lugar eran ellos. Había más gente, claro que la había.
- Dejadle… por favor, no ha hecho nada malo. – su cada vez mayor falta de tacto hacía que destellos surgiesen ante mis ojos, ni siquiera veía bien por donde iba.

Sentía dolor, mareos, tenía que abrirme paso sin gafas y con mi creciente miopía y además uno de mis ojos parecía empañado por la sangre, seguramente por culpa de alguna pequeña hemorragia en el globo ocular. No tenía duda de que mi aspecto en ese momento debía ser lamentable. Quería salir en dirección contraria, por ir en alguna dirección, el hecho de no saber por qué no me soltaba, los dedos de la chica comenzaban a clavarse con fuerza en la piel de mi muñeca, me perturbaba. No tenía idea de hacia dónde nos dirigíamos, pero estaba seguro de que no sería donde yo quería ir. Lo confirmé al ver la luz al fondo. La puerta de salida, iluminada con esa luz de emergencia, tan tenue y enferma como el resto de las luces de la ciudad y una vez más un Skyline a oscuras acudió a mi mente. Intenté resistirme, pero entonces ella me empujó hacia esa luz.

¿Los Kaari? Todo mi rostro se descompuso. El líder de los Kaari, Alex Park, me había dado una paliza y había intentado matarme. Las historias de todas las bandas y sus líderes abundaban por todo Kearny Mesa, pero la de que esa banda se dedicase a perseguir a otros no era una de ellas. De dudosa reputación, sí, pero pacíficos. Me limpié con la mano la sangre que aún caía de mi boca y nariz, como si de un grifo se tratase y caminé hasta apoyarme en el marco de esa puerta, aferrado a él para no derrumbarme en ese mismo instante. Aún quedaba alguien dentro, aún necesitaba el cobre y marcharme no me convertiría más que en un inútil. - ¿De quién… de quién…? – esa pregunta salía una y otra vez de mí con rabia ¿de quién me había salvado la vida? – no puedo irme de aquí, aún tengo cosas que hacer.
Alcé la voz entonces, casi gritando, no sabía si seguía cerca, si estaba tras de mí o si sólo estaba hablando solo, como un loco desesperado, algo en lo que me había convertido en tan solo unos minutos de mi vida.

- NO PIDO QUE ME AYUDES, PERO NO TE OPONGAS A MÍ. ¿CREEIS QUE ES SENCILLO PARA NOSOTROS? – bajé de nuevo la voz mientras la palabras salían atropelladas de mis labios – luchamos sin vuestra ayuda, nos esforzamos sin vuestra ayuda, hemos aprendido a no necesitaros, pero dejad de ponernos trabas, dejad de impedir que al menos nosotros luchemos por esta ciudad, dejad de intentar destruir nuestra esperanza…

Las piernas me fallaron y con brusquedad terminé en el suelo, sentado con la espalda pegada a la pared, esa misma que me servía de soporte. Agaché la cabeza y escupí. Sangre y más sangre. Estaba sólo, sin fuerzas y sin el valor suficiente como para levantarme y salir de allí.


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Re: Buscando en el almacén [Emily]

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