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Mensaje por San Diego el Sáb Ago 17, 2013 9:53 pm





Historia Según los Administradores





Cada administrador te muestra su particular visión sobre como llegó la ciudad hasta la situación en la que ahora se encuentra ¿quieres conocer lo que le sucedió a cada uno?

Luke Collins
Aquel día estaba viendo las noticias con mis padres. Al parecer, se había diagnosticado una especie de gripe severa, parecida a la gripe aviar o algún rollo de esos, que se extendía desde el continente asiático. En San Francisco, ya se habían registrado más de 30 casos en los que 2 habían muerto. Todos los afectados por la gripe superaban los 30 años. Cada año, una nueva enfermedad salía a relucir con tal de mermar la entrada y salida de productos de ciertos países. Esa era la única realidad. Terminé de cenar y subí de nuevo a mi dormitorio.

La noche siguiente el número de enfermos era aún mayor y ya se habían detectado casos en San Diego. Las muertes ascendían ya a 15. Un número altísimo para las pocas horas que habían transcurrido desde el telediario anterior. Esta vez se informaba acerca de que la gripe no afectaba a los niños. Nadie en esa casa se atrevía a apartar la vista de la reportera que se encontraba frente al hospital de Los Ángeles donde se registraba el mayor número de enfermos de la costa oeste del país. California parecía haber entrado en pánico, pero en mi casa los platos se recogieron con normalidad como cada noche. “Cosas de yanquis” dijo mi padre al apagar el televisor.

Los adultos siempre mienten cuando parecen tranquilos. No pasaron ni dos días cuando me prohibieron salir a la calle. Estaban pálidos y evitaban acercarse a mí… Me aseguraron que en uno o dos días volverían a casa, que iban a por la vacuna contra aquella asquerosa gripe y regresarían antes de que me hubiese dado cuenta. La comida preparada para un par de días en la nevera y un abrazo que nunca llegó porque mi padre agarró a mi madre negando con seriedad  fueron toda la despedida que obtuve por su parte, no me dejaron ni salir a la calle a despedirme.

Siendo sincero, pensé que aquella misma tarde regresarían, pero pasaron los dos días para los que mi madre me había dejado comida preparada y nadie apareció. Mi vida consistía en comer, dormir y jugar a la consola, pero tras cinco días empecé a preocuparme. No paraba de llamar y los móviles estaban apagados o fuera de cobertura. Pensé en salir, en ir al hospital a preguntar por ellos pero preferí esperar un poco más, sólo un día más. La tarde del sexto día salí a la calle. Los coches que quedaban estaban aparcados en sus garajes pero se notaba la ausencia de muchos de ellos. Poco más allá me encontré al pequeño Xiao, un niño chino de 8 años que había llegado al país con sus padres hacía apenas unos meses; estaba llorando y cuando le pregunté me dijo que sus padres se habían ido dejándolo solo. La misma historia se repitió con cada niño o adolescente que me encontraba. Pregunté su edad a cada uno de ellos. Ninguno superaba los 25 años de edad. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde se habían metido todos los adultos?


William Pettyfer
Tumbado en mi habitación, había empleado casi media hora en pasar los 500 canales de mi televisión hasta volver a empezar. El primer canal siempre traía noticias, así que continué ascendiendo en número hasta que me harté de encontrar las mismas imágenes. La hora de la cena era esa en la que todos los canales ponían las mismas noticias que habían repetido por la mañana, lo único interesante para mis ojos era la parte en la que escasamente hablaban de economía. Asqueado por la falta de ningún tipo de entretenimiento, salí de mi cama y me encaminé a la cocina donde dos de las trabajadoras de la casa estaban sentadas observando la televisión. En otra ocasión habría despedido a alguna de las dos por vaga, pero ese día me sentía demasiado aburrido como para escatimar en personal para entretenerme, así que me senté en la mesa de la enorme cocina y me apoyé en el respaldo de la silla. Las dos mujeres, una de origen canadiense y otra británica, miraban con interés el televisor implantado en la parte superior de una de las paredes. No era ningún tipo de lujo, o tal vez sí, sus padres simplemente consideraban que el servicio estaría más motivado con pequeños detalles que apenas costaban dinero. Con un carraspeo, hice que las dos volviesen de su descanso para prepararme la cena mientras yo jugaba en mi teléfono móvil con una de esas estúpidas aplicaciones en las que creas un virus que se propaga por el planeta. Una chorrada a mis ojos, pero mi hermana había insistido en que lo probase y había terminado enganchándome con su tontería de rubia de bote.
No creo que sea tan grave, ya sabes cómo son en la televisión”, escuchaba que ellas comentaban por lo bajo mientras batían un par de huevos y amortiguaban sus finas voces.

Me sentía agotado al haber pasado el día en inactividad, así que me limité a chasquear los dedos para que se callasen la boca y apagué la televisión para no desconcentrarme. Era importante pasar de nivel para poder desbloquear otro tipo de virus.

Estaba demasiado enfocado en las labores que mi padre me había dejado. Durante días me quedé solo en casa, viendo la sombra de mi hermana menor caminar por el pasillo de vez en cuando. No me molestaba, cosa que agradecía en silencio. Ella tendía a irrumpir en mi habitación o despacho en momentos en los que yo trataba de organizar algunos papeles de la empresa de mi padre. Mis padres normalmente desaparecían durante semanas para irse a Hawai o algún país exótico a descansar, yo no tenía que hacer nada más que lo que su agente me dejase en la mesa del despacho. Pero cuando todo lo que tenía que organizar se perdió, y ninguno de los asistentes a un par de reuniones me devolvió las llamadas, fue cuando empecé a preocuparme.

Esperé durante días a que apareciese mi ama de llaves cuya ausencia noté tras dos semanas. Mi hermana estaba casi igual de ausente hasta que, harto de llamar por teléfono tanto a ella como a mis familiares sin obtener ningún tipo de respuesta, atravesé el despacho y salí al hall donde cogí las llaves de mi coche. El jardín estaba perfectamente cuidado, los arbustos habían perdido algo de su forma pero con un par de cortes todo podía solucionarse. Eso no quitaba la extrañeza que era para mis ojos ver algo fuera de su lugar, como los coches ligeramente más sucios o algunas hierbas creciendo más altas de lo que deberían. Fruncí el ceño y bajé los largos escalones de la entrada hechos de mármol blanco hasta llegar al camino de piedra pulida que creaba una rotonda alrededor de una fuente de piedra y me ajusté el cuello de la chaqueta para que se quedase en su sitio. Todo estaba tan tranquilo que alguna parte de mí comenzaba a alzarse incómoda.
Iba a montarme en mi coche, convencido de que encontraría a algún trabajador en su casa cuando la puerta de la enorme valla de la mansión se abrió y por ella avanzó un coche a noventa kilómetros por hora, me aparté antes de que el Lamborghini de mi hermana pequeña estacionase en el mismo lugar donde mi cuerpo había estado segundos antes y, sin darme tiempo a emitir queja, ella salió del automóvil con la mirada completamente perdida.
No están, Will”, dijo ella con la voz quebrada, “los adultos han desaparecido”. 










Historia General





Aquí empieza tu historia. Con todos los adultos desaparecidos, la ciudad, el mundo mismo, se está sumiendo en un caos, los jóvenes comienzan a perder el norte, sienten que ya nada puede detenerles y se dedican a hacer todo aquello que antes se les tuvo prohibido, asaltos, saqueos, palizas, peleas callejeras, esa es la realidad que asola al mundo, San Diego es tan solo uno de los muchos focos de esta pesadilla sin fin.

El problema no es tan solo la carencia de las figuras autoritarias que antes regían la ciudad, algo extraño está pasando con algunos de estos jóvenes que poco a poco han ido desarrollando una serie de habilidades poco comunes en los seres humanos, habilidades que han dividido la ciudad no solo entre los ya existentes guettos sino también entre aquellos que ven transformada su vida y su cuerpo y aquellos que permanecen sin habilidad alguna.

¿Dónde están los humanos mayores de 25 años? ¿A qué se debe su desaparición? ¿De dónde salen esos extraños poderes? Y sobre todo ¿Cuándo terminará esta pesadilla?

Entra en San Diego y descubre por ti mismo la respuesta a todas estas preguntas, crea tus alianzas y forja tu futuro. Sobrevive en un mundo en el que ya nada tiene el valor que antes se le daba, ni la propia vida.



San Diego
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